Archive for Diciembre, 2009

No acato la sentencia

238707684La frase hecha: “acato la sentencia, pero no estoy de acuerdo con su contenido”, empieza a ser algo tan generalizado entre todos los justiciables y sus amigos, que convendría mirar los diccionarios legales para estudiar otras alternativas. Estamos ante un reiterado y aparentemente cuidadoso: “acato la sentencia pero me cago en la madre del juez que la dictó”.

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GOCE DE MUJER Y GOCE DE HOMBRE

   Frente a la hipótesis de un goce absoluto destructivo que atemoriza, equiparado al incesto, muerte o locura, existe un goce posible experimentado tanto por hombres como por mujeres. Este goce puede ponerse en acto con un partenaire sea homo o hetero y aunque en la fantasía buscara la satisfacción absoluta solo obtendría el placer sexual. Este proceso posibilita que se instaure nuevamente el deseo (si esta vez no lo he conseguido, puede que la próxima sí, con esta o con otra pareja). Esto permite que cada acto sexual sea algo nuevo. Es cierto que, como nos dice Alcira Mariam Alizade en su libro “La sensualidad femenina”: “En la vida erótica humana, el goce emerge estrechamente ligado a una suerte de vivencia de muerte, pequeña muerte o bella muerte en la inmersión en ondas voluptuosas donde se pierde el nombre por un instante mas o menos breve, pero de la cual se resucita jubilosamente”.  Se teme el despliegue del goce porque se aproxima a una vivencia de despersonalización. Por eso es frecuente encontrar ausencia de goce en hombres y mujeres que prefieren un placer controlado que también puede ser gratificante. En cualquier caso hablamos de un goce balizado donde el Otro nos marca los límites, siendo diferente el goce de la mujer y el del hombre. En el hombre, el goce esta localizado y se ve, es un goce de órgano (erección, eyaculación, detumescencia), en tanto que en la mujer aparece mas expandido y no se centra en un órgano visible. El goce de la mujer es particular y puede ir mas allá del órgano sexual (no siempre desde luego es así). Decimos que es un goce suplementario (llamado también goce Otro) a diferencia del goce fálico más centrado en el órgano y del cual también puede participar la mujer. Del goce suplementario femenino cuesta dar razón. Es un goce enigmático, diferente. Podemos leer a Lacan en su seminario nº XX (“Aún”) suplicar de rodillas a las mujeres psicoanalistas que trataran de decírnoslo. En los trabajos que he podido estudiar y en los casos clínicos revisados de distintos autores sobre este goce femenino, en general la mujer se interroga a sí misma y se dirige a otros demandando un saber. Pero precisamente al no localizarse en un órgano concreto hace de este goce algo más temible y sin límites, temor de la mujer a diluirse en él. Parece ser un goce más allá de las palabras. Recojo algunas expresiones de mujeres en análisis: “Es como una ola”; “Es como si levitara”; “Como si perdiera la conciencia”; “Como si me volviera loca”; “Como si me muriera allí mismo”. Me interesa recalcar que el goce fálico puntual no le está vedado a la mujer, pero en palabras de Alcira Mariam:

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