GOCE DE MUJER Y GOCE DE HOMBRE

   Frente a la hipótesis de un goce absoluto destructivo que atemoriza, equiparado al incesto, muerte o locura, existe un goce posible experimentado tanto por hombres como por mujeres. Este goce puede ponerse en acto con un partenaire sea homo o hetero y aunque en la fantasía buscara la satisfacción absoluta solo obtendría el placer sexual. Este proceso posibilita que se instaure nuevamente el deseo (si esta vez no lo he conseguido, puede que la próxima sí, con esta o con otra pareja). Esto permite que cada acto sexual sea algo nuevo. Es cierto que, como nos dice Alcira Mariam Alizade en su libro “La sensualidad femenina”: “En la vida erótica humana, el goce emerge estrechamente ligado a una suerte de vivencia de muerte, pequeña muerte o bella muerte en la inmersión en ondas voluptuosas donde se pierde el nombre por un instante mas o menos breve, pero de la cual se resucita jubilosamente”.  Se teme el despliegue del goce porque se aproxima a una vivencia de despersonalización. Por eso es frecuente encontrar ausencia de goce en hombres y mujeres que prefieren un placer controlado que también puede ser gratificante. En cualquier caso hablamos de un goce balizado donde el Otro nos marca los límites, siendo diferente el goce de la mujer y el del hombre. En el hombre, el goce esta localizado y se ve, es un goce de órgano (erección, eyaculación, detumescencia), en tanto que en la mujer aparece mas expandido y no se centra en un órgano visible. El goce de la mujer es particular y puede ir mas allá del órgano sexual (no siempre desde luego es así). Decimos que es un goce suplementario (llamado también goce Otro) a diferencia del goce fálico más centrado en el órgano y del cual también puede participar la mujer. Del goce suplementario femenino cuesta dar razón. Es un goce enigmático, diferente. Podemos leer a Lacan en su seminario nº XX (“Aún”) suplicar de rodillas a las mujeres psicoanalistas que trataran de decírnoslo. En los trabajos que he podido estudiar y en los casos clínicos revisados de distintos autores sobre este goce femenino, en general la mujer se interroga a sí misma y se dirige a otros demandando un saber. Pero precisamente al no localizarse en un órgano concreto hace de este goce algo más temible y sin límites, temor de la mujer a diluirse en él. Parece ser un goce más allá de las palabras. Recojo algunas expresiones de mujeres en análisis: “Es como una ola”; “Es como si levitara”; “Como si perdiera la conciencia”; “Como si me volviera loca”; “Como si me muriera allí mismo”. Me interesa recalcar que el goce fálico puntual no le está vedado a la mujer, pero en palabras de Alcira Mariam:

“Ahora bien, limitar el placer femenino a esa forma implica dejar de lado un abanico muy grande de fenómenos erógeno afectivos cruciales en el despliegue de su potencial erótico. La mujer puede conocer delicias erógenas independientes de la discriminación topológica”.

 Lacan conceptualiza este goce femenino y transcribo sus palabras:“Hay un goce de ella, a este ella que no existe y que nada significa. Hay un goce en ella del cual quizá ella tampoco sepa nada –eso, ella lo sabe. Lo sabe, por supuesto, cuando eso le sucede. Eso no les sucede a todas”. Pueden aparecer expresiones de miedo al descontrol o la locura. Dice M. (paciente de Alcira Mariam): “Si durara mucho tiempo, creo que una podría volverse loca”.Otra paciente expresa: “Temblaba toda hasta el pelo”. El cuerpo entero se había estremecido ante el contacto deseante del cuerpo de un hombre.  Ahora bien, existe temor a este tan enigmático goce femenino y eso puede producir síntomas para no ir mas allá, síntomas que actuarían a modo de límite. Ejemplo de otra paciente: “Cuando me comienza la jaqueca, me viene un calor como si la cabeza se hinchara, continua con latidos como el latir de la sangre, como si toda la sangre se me fuera de la cabeza, luego el vómito, después el alivio, me entra un sueño, casi un sopor” Aquí se leería en la somatización del síntoma un goce sexual sin acto. Por tanto vemos una forma de goce en el hombre, goce fálico, que también comparte la mujer. Sería en ese caso una forma viril de gozar con el clítoris, la vagina, concentrada en un órgano único investido libidinalmente. La sexología clasifica muchas veces las mujeres en clitorideas o vaginales, según obtengan placer a través del clítoris o por la penetración vaginal. Sería, en mi opinión, un reduccionismo a lo orgánico. El placer del órgano clitoridiano sitúa a la mujer en el goce fálico, no diferenciado del placer masculino. El psicoanálisis  no acepta que los problemas sexuales sean tomados literalmente. Desde la sexología a veces se oye decir: “No se preocupe, la penetración no es lo importante, se pude disfrutar de otra manera”. El sujeto se desvía del problema y queda condenado a un tipo de sexualidad infantilizada. Problemas de la mujer como la frigidez, anorgasmia, dispareunia(dolor en el coito) y del hombre como eyaculación precoz, falta de erección, falta de eyaculación se producen porque en el sexo es donde se ha ubicado el síntoma. Pero hay que leer detrás del síntoma, buscando el fantasma (fantasía inconsciente) que sostiene ese síntoma. Una cosa es que el sujeto decida que tipo de sexualidad va a llevar de un modo libre y otra es que esté limitado en las posibilidades de elección por el sometimiento a un síntoma. En el seminario XX (“Aún) Lacan habla del hombre y dice:“El goce fálico es el obstáculo por el cual el hombre no llega, diría yo, a gozar del cuerpo de una mujer, precisamente porque de lo que goza es del goce del órgano”.Es decir, el hombre insiste en soñar lo bello que sería alcanzar el goce absoluto en el cuerpo desnudo de una mujer. Un hombre sueña con desnudar a una mujer porque piensa que la orgía comienza cuando la mujer está desnuda. Pero el goce nos acerca tanto a la angustia como a la orgía. El goce es inolvidable precisamente porque tiene lazos cercanos también con la angustia. Eso le hace también fuente de riesgos. El hombre puede descubrir que al ir hacia la mujer desnuda se angustia. Esa mujer asusta, tal vez por la fantasía del cuerpo de una mujer que se desata y entra en estado de goce. Asoma la bruja, el aquelarre de los sentidos, el desorden pulsional, el éxtasis. La carne está revuelta, desordenada. Algunos textos de psicoanálisis nos hablan de los genitales femeninos como un agujero al desnudo que causa un sentimiento siniestro. El hombre lucha e insiste en soñar con la vagina e imagina lo bello que sería. Puede ser que su pene se turbe, cuando debería estar erecto ante algo tan deseado. ¡Maldita turbación!. Lo que debiera pasar no pasa. ¡Él, que quería alcanzar el goce absoluto!. Se detiene cerca del goce fálico. A lo sumo, y si se puede, solo se llegaría a este nivel. Surgen dudas de su pene. Pienso que la mujer puede sacar ganancias de ese saber que posee con respecto a la naturaleza del goce. Ella sabe de la angustia de los hombres que aparece ante el temor de la capacidad erógena femenina en la medida que implica desorden pulsional. Existe el fantasma de orgasmo infinito de la mujer y los temores que esto suscita en el hombre al acercar a la mujer al status de bruja. El hombre observa aterrado la travesía del goce sobre un cuerpo de mujer. Hay hombres en los que lo femenino evoca de este modo un terror. Hay horror desde el inconsciente a los genitales sin pene, esa herida abierta a la castración. Les hace emprender la fuga cuando la mujer les muestra su vulva. Es tal el temor a asistir al desborde erógeno de la mujer. En palabras de Alcira Mariam:“Defensivamente, tal vez extreme el control de la sexualidad de su compañera o aporte cierta violencia por donde su masculinidad quede reasegurada. La mujer frígida puede calmar el miedo de la castración de un hombre garantizando la integridad narcisista de éste”. 

En general y para concluir he intentado dejar constancia de que el goce implica complicación. Su imperativo se opone a nuestra propensión a la felicidad que reside en la descarga de la tensión. A veces el goce puede estar muy cerca del horror. Es cierto que el goce femenino es en cierta medida transgresor de la ley. El goce absoluto está prohibido para el sujeto, pero las mujeres es como si tuvieran la posibilidad de saltarse la ley al menos en parte y lograr un goce externo a la palabra, gozando de forma silenciosa y muda. En cualquier caso el absoluto de goce sería un horizonte inaccesible.

Alfonso.A.Gómez Prieto

Psicoanalista  

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