Poco a poco vamos consiguiendo que los errores se conviertan en disparates y que los disparates se conviertan en prudentes medidas. Esto de que el Tribunal Constitucional decida si millones de españoles y catalanes se equivocan, es una posibilidad tan torpe que conviene revisar la torpeza inicial. Pero naturalmente la sentencia vale.
Nadie debió aceptar que una decisión de las Cortes, del Parlament y de los ciudadanos en referendum pudiera ser modificada por unos magistrados fueran esos magistrados los que fueran.
No puede ser que lo que acepta la inmensa mayoría se convierta en ilegal por decisión de un grupo de personas.
Ya se que las reglas del juego pueden permitir este disparate y que eso puede hacer indiscutible el disparate, pero lo que tenemos que revisar son precisamente las reglas del juego.
Entiendo el enfado de los que votaron a favor de la inmensa mayoría y me parece (legalmente) impecable que se acepte lo que define una inmensa minoría. El problema no lo tienen los que han decidido sino los que definieron el sistema.
Nunca más, nunca más se puede poner en peligro que lo que aceptan los votos en todas las instituciones pueda ser modificado por una institución.
No entro en si el Estatut es encajable o no en la Constitución, lo que me parece un disparate es que las leyes permitan un choque de legitimidades de esta importancia.
Amigos catalanes, colegas españoles ¡vaya disparate que nos obliguen a opinar sobre una sentencia que nunca debió producirse!
Luis Solana



